_DSC0108-opt

Por: Neil Boland, junio 2017

¿En qué grado la educación Waldorf resulta eficiente y eficaz para nuestro tiempo? ¿Es contemporánea? Estas preguntas llevaron a Neil Boland, conferencista y profesor de la Auckland University of Technology, de Nueva Zelanda, a buscar posibles escenarios para el futuro en relación con la educación de niños y jóvenes, otorgando especial interés a la pedagogía emanada de las indicaciones de Rudolf Steiner.

 

Educación para el hoy

Yo pienso que muchos de nosotros hemos escuchado que la educación Waldorf es llamada “una educación para el futuro”, aunque a veces se le dice “La educación para el futuro”. Como conceptos, no tengo gran problema con estas definiciones, sin embargo, tomando en consideración las actuales circunstancias del mundo entero, me parece que necesitamos de una educación para el presente, más bien que para mañana.

En la conferencia que dictó Steiner sobre “Los fundamentos de la experiencia humana”, señala: “Debemos tener un interés vivo en todo lo que acontece en el mundo hoy día, de no ser así, seremos malos maestros”. Y añade, “hay que sentir entusiasmo no solamente por nuestras especialidades profesionales, sino por todas las cosas pequeñas y simples, así como por las más grandes y trascendentes, del mundo que nos rodea”.

Hay que reconocer que la educación Waldorf ha presentado una documentada tendencia a encerrarse en sí misma, sobre todo en las escuelas más antiguas y tradicionales de esta pedagogía. También, en el pasado ha sido claro que la educación Waldorf se ha restado de los debates mundiales sobre educación y de otros campos relacionados con la enseñanza y los procesos cognitivos. Sin embargo, en propias palabras de Steiner, mientras mayor edad tiene el alumno, más importante para él es observar y percibir que sus maestros poseen un interés vivo en todo lo que acontece en el mundo, en cualquier tópico y en cualquier lugar, más allá de sus propias especialidades, así como descubrir en ellos que se trata de personas activas de hoy.

 

Estudios para el futuro

Esta perspectiva compromete un cúmulo de diversas áreas que combinan la observación del mundo, del entorno y de la sociedad puede arribar al futuro. En esta visión amplia se incluyen variadas disciplinas y hay una constante de refinamiento en las observaciones y en las hipótesis que se plantean. Como un texto ideal para acercarnos a este tema, yo recomiendo “A very short introduction to the future”, de la autora Jennifer Gidley. En este texto, la autora señala que las directrices para el futuro de la educación parten de cómo la pedagogía debe ser en los años presentes e inmediatos y, especialmente, establece la pregunta vital: ¿qué debemos hacer ahora para educar a nuestros estudiantes para que puedan desarrollarse bien en estos aún no claros elementos que contendrá el futuro? Este tema es tan importante que James Martin fundó un centro de investigación en Estudios para el Futuro, en la Universidad de Oxford, Inglaterra, en el año 2005. En su libro “The meaning of the 21st century”, enlista lo que le parece serán los problemas a gran escala a partir del siglo XXI, esos mismos que deberemos encarar como individuos, como maestros y como naciones. Desde la década de los setenta, muchos profesionales de diversas áreas denominaron a estos como “problemas complejos del nuevo siglo”, y hay una lista de 16 que parecen ser el fundamento del futuro:

  1. Calentamiento global
  2. Crecimiento poblacional excesivo
  3. Escasez de agua potable
  4. Destrucción de la vida en los océanos
  5. Crecimiento de las zonas desérticas
  6. Hambruna en países pobremente organizados
  7. Pobreza extrema
  8. Crecimiento de barrios marginales en las grandes urbes
  9. Migraciones globales indetenibles
  10. Pandemias
  11. Colapso financiero
  12. Armamentismo, militarismo y paramilitarismo extremos
  13. Extremismo religioso violento
  14. Inteligencia artificial desbocada
  15. Guerras que pueden acabar con la civilización
  16. Riesgos severos a la existencia del Homo Sapiens en la Tierra

Estos problemas complejos del futuro han sido, en realidad, creados en nuestro día a día, desde el fin de la segunda guerra mundial. Hemos tenido que estar lidiando con todos estos asuntos, pero lo cierto es que en estos inicios del siglo XXI somos cada vez más confrontados por nuestros hijos y nietos por no haber detenido el crecimiento de estas problemáticas.

Todos estos problemas enlistados son de índole multinacional; ninguno puede ser resuelto por un país solamente. Todos los países participan, en diferentes escalas, en causar la mayor parte de estos problemas, por lo que todos pueden –y deben- generar soluciones. Estos problemas complejos están interconectados y, por ello, las soluciones están interconectadas en gran medida. Como imagen, son como una madeja de lana enredada; jalar un extremo va a apretar, a hacer más evidentes muchos nudos. En realidad, muchos de los problemas son consecuencia de mal manejo de gobiernos y sociedades, así como de falta de previsión.

Porque requerimos de hacer algo para nuestros futuros…

Cuando la escuela Waldorf abrió sus puertas al finalizar la Primera Guerra Mundial, las sociedades europeas –y el resto del mundo también de una u otra forma- estaban en crisis. Hoy, es claro que el mundo entero está en crisis, en diversas escalas regionales. Y puede entonces surgir la pregunta, ¿para qué estamos vivos en esta era? Los niños a los que enseñamos, nuestros hijos y nuestros nietos, ¿por qué decidieron venir al mundo en esta época crítica y tener que trabajar con este sombrío panorama? La respuesta antroposófica es, simple: porque así lo quisieron y lo necesitan para su desarrollo anímico; esta era les va a dotar de las oportunidades que están buscando para su crecimiento, no sólo emocional y mental, sino también espiritual.

Todas las crisis son, al mismo tiempo, momentos de oportunidad. Einstein dijo: “un nuevo tipo de pensamiento es esencial si la humanidad va a sobrevivir y a moverse hacia estadios superiores de conciencia”. Y añadió al respecto, “estos problemas son retos para que encontremos nuevos paradigmas de pensamiento y para arribar a niveles más elevados”. En la corriente de filosofía perenne contemporánea (que observa en todas las religiones y corrientes espirituales una misma y metafísica base común), este tipo de momentos de crisis profunda y extensa son llamados “oportunidades de iniciación”, una posibilidad de someterse a un proceso que puede resultar en niveles superiores de conocimiento y de conciencia.

Es evidente que hoy, en los inicios del siglo XXI, nuestro tiempo en la historia es único en un asunto crucial: el círculo se ha cerrado, no hay escapatoria posible. Por primera vez, desde el inicio de la civilización, la especie humana entera está siendo confrontada con una problemática profunda cuya solución requerirá de todos los humanos trabajando en una empresa común que parta del reconocimiento y respeto a nuestra riquísima diversidad.

Para mí, y después de leer mucha literatura sobre el futuro de la educación que requiere la humanidad, me parece que cada uno de nosotros, los seres humanos –niños, jóvenes y adultos- debemos desarrollar las siguientes cualidades para tener éxito en la empresa común que tenemos por delante:

  • Tener coraje y determinación
  • Desarrollar Voluntad férrea y fuerte impulso de actuar
  • Poseer visión, imaginación y flexibilidad
  • Ser innovadores, poder pensar por fuera de la caja
  • Convertirnos en adeptos sociales, no egoístas ni ególatras
  • Tomar responsabilidad por nuestras propias acciones y por las de quienes están cerca
  • Ser capaces de ver los problemas solo como parte del gran escenario

Estas ideas hicieron eco ya en diversos estudios desde hace algunos años, los que se engloban en lo que se ha denominado “Educación Holística y Visiones de Rehumanización”. En muchos de estos estudios se ha revelado cómo es que las personas jóvenes ven el futuro. ¿Están ellos intimidados por lo que ven venir en la proximidad? ¿Cómo se sienten acerca de ello? Por supuesto, para dar respuesta a estas incógnitas hubo que ir a preguntar a los jóvenes, estudiantes de noveno a doceavo grado en diferentes tipos de escuelas, tanto privadas como públicas y, entre éstas, a las escuelas Waldorf. El estudio más acabado fue hecho en Australia, en la primera década de este nuevo siglo, y el resumen de sus resultados es de mucha trascendencia para el diseño curricular escolar y para nuestras vidas en familia:

  • Todos los estudiantes entrevistados –sean de cualquier tipo de pedagogía- mostraron preocupaciones similares en lo concerniente a medio ambiente, justicia social y conflictos
  • Los estudiantes Waldorf expresaron mayores sentimientos de empoderamiento personal con respecto al futuro
  • Los estudiantes Waldorf mostraron un mayor sentido de activismo para crear mejores condiciones para el futuro
  • Los estudiantes Waldorf vieron al humanismo como el factor más trascendente para los retos que enfrentamos y que enfrentaremos
  • El tipo de futuro que los jóvenes en general concibieron integrar desarrollo humano, responsabilidad y acción en primer plano
  • Los estudiantes Waldorf no ven en la tecnología la solución completa a nuestra problemática, sus puntos de vista se orientaron más a que la solución provendrá de nuestro interior anímico

Luego, este estudio tomó las respuestas de los alumnos Waldorf y las clasificó en varias categorías:

  • Activismo, cambio de valores
  • Espiritualidad
  • Reconexión con lo humano y con la naturaleza
  • Desarrollo de la conciencia
  • Empoderamiento individual
  • Empoderamiento comunitario
  • Interconectividad
  • Educación para cuidados del entorno, de la sociedad y del individuo en el futuro

Todo lo anterior, me parece, señala que la educación Waldorf ya está dando resultados en los miles de estudiantes que integran estas escuelas en el mundo entero, desde el Jardín de Infancia y hasta el doceavo grado, lo que ya es, de por sí, altamente alentador. Sin embargo, cabe preguntarse si en estas escuelas somos lo suficientemente buenos como para ofrecer a nuestros estudiantes esta base, si en la educación Waldorf estamos ofreciendo lo que el mundo requiere ahora y en el futuro o simplemente somos una muestra del pasado de la humanidad.

Steiner señaló en muchas conferencias que los seres humanos debemos estar constantemente buscando nuevos caminos, nuevas formas para la educación, basándonos en una verdadera antropología que conciba al ser humano con cuerpo, alma y espíritu en desarrollo desde fases primarias y hasta la conciencia plena. Cuando vemos los retos del siglo XXI y los siglos venideros, entonces, debemos es claro que debemos buscar nuevas formas, nuevos caminos en la educación, una y otra vez. Puede ser que aún no sepamos bien a bien qué semilla estamos sembrando en las nuevas generaciones, pero yo creo que lo que los tiempos actuales requieren no es la reproducción mecánica de las formas y los contenidos de la enseñanza hechas por décadas, aunque hayan sido exitosos.

Por otro lado, Steiner señaló en una frase memorable dicha a jóvenes en el año de 1924 que, “muchas personas hoy día están visiblemente fuera de lugar en el siglo XX; uno tiene la impresión de que han estado vivos mucho más de cien años y no lo digo por su apariencia física, sino más bien porque parece que se atascaron en el tiempo mucho antes de su propio nacimiento”. Y estas ideas de Steiner nos pueden llevar a cuestionarnos en qué parte de un siglo pasado nos podemos reflejar, en qué época están nuestros colegas y compañeros y otras personas que conocemos. ¿Nuestros políticos? ¿Nuestros diseñadores de políticas gubernamentales? ¿Los empresarios? ¿La economía? Todo esto es más que preguntas de jóvenes hechas a personas mayores que ellos; puede ser la esencia de una renovación esencial que nos mueva en el presente y hacia el futuro.

¿Cuáles son los impulsos en las almas de los jóvenes de hoy? ¿Cómo se vería el mundo si estos impulsos encontraran espacio en la realidad colectiva dentro de 10 años? ¿Qué espacio le doy yo a estos impulsos de los jóvenes de hoy día? Estas son preguntas que podemos formular a los jóvenes con los que convivimos, con los que nos encontramos, porque ciertamente ellos tienen un sentido del tiempo y definitivamente tienen un sentido de comunidad.

En este movimiento educativo que está por cumplir 100 años –la Pedagogía Waldorf- debemos recrear, reavivar las flamas del entusiasmo por todo lo que hacemos. Steiner señaló, en este orden de ideas, que “el entusiasmo lleva al espíritu en sí mismo”. Nuestro entusiasmo por cuestionar, por discutir, por lograr retos, por comprometernos, por encontrar nuevas formas una y otra vez y por llevar nuestro entendimiento a niveles cada vez más claros, así como por trabajar juntos por el bien común, no son solamente tareas del maestro Waldorf (y del papá y la mamá Waldorf). Todo lo anterior ayudará a que el movimiento Waldorf en el mundo entero sea innovador en el presente, que es lo que precisamente requieren los niños y jóvenes de hoy. Solamente así, ellos obtendrán la fuerza, el coraje y la sabiduría para adentrarse en la solución de los problemas de los cuales tendrán que hacerse cargo.

 

(tomado de WaldorfResources.org / traducido por Arturo Cervantes)


¿Te ha gustado esta publicación? compártela y/o dejanos tus comentarios abajo


También puedes…

Descarga aquí la guía GRATIS de Consejos prácticos para el mejoramiento del cerebro de tu hijo(a)
Pedagogía Waldorf: ¿una verdadera educación para nuestro tiempo?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Show Buttons
Hide Buttons