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Por Felix Zimmermann


 

En la educación Waldorf, el arte está presente en cada actividad escolar y no como en una materia aparte. A diferencia de otras pedagogías, el arte en la educación Waldorf no se concibe tan sólo como un medio de expresión para el niño, sino como una actividad formativa, tanto en el desarrollo de las relaciones externas del niño como en el desarrollo del mundo interno de su alma.

La ciencia, el arte y la religión, elementos universales de la existencia humana, guardan una estrecha relación con tres propiedades esenciales del alma – el pensar, el sentir, y la voluntad. Éstas, a su vez, están íntimamente ligadas, pues el sentir une al pensar con la voluntad activa. Ahora bien, un acto requiere de un sentir profundo para llegar a manifestarse. Para ilustrar esto consideremos la situación, más bien lamentable, del medio ambiente: el puro conocimiento de los problemas sobre contaminación o del uso de la energía no genera por si sólo un cambio en nuestro actuar. Es únicamente el sentir – el amor por la naturaleza, los escrúpulos de cada persona – lo que frena el comportamiento negativo e impulsa el positivo. Sin el sentir, uniendo el pensar con la voluntad, se genera un abismo entre ideas y actos.

Las actividades artísticas tienen muchos aspectos y efectos. Son esas características las que, en general, utilizamos para formar el sentido estético – el sentido de la belleza y la fealdad, la armonía y la desarmonía, sobre las relaciones en sus múltiples expresiones, sobre lo esencial, sobre las manifestaciones de la vida, sobre la realidad y el engaño, sobre lo vivo y lo muerto, sobre lo anímico y lo espiritual con el sentido de la estética del ser humano es capaz de juzgar coherentemente y pensar vivamente. Así, inicialmente nuestros juicios y opiniones surgen del sentimiento, y luego el pensamiento analiza lo que hemos sentido las relaciones que nos afectan provienen del sentido estético – mientras más nutritiva sea la formación estética, nuestro pensamiento será más capaz variado y lleno de fantasía. Incluso el pensamiento científico necesita de la fantasía, de ideas y ocurrencias no convencionales para avanzar. En el alma de un ser humano con un bien formado sentido de la estética surgen necesidades específicas. Armonizar situaciones caóticas, ejercer acciones concretas para corregir aspectos negativos, son sólo ejemplos de tales necesidades. Tal afán no es necesariamente consciente, puesto que existen la sensación y es parte de la personalidad. La sensación de falta de armonía aumenta en el alma hasta convertirse en malestar profundo. Surge entonces la imperiosa necesidad de cambiar las cosas, lo que impulsa a un despertar de la voluntad. Es este proceso precisamente lo que ilustra el hecho de que el ejercicio artístico del alma fortalece la voluntad.

El ejercicio y trabajo artísticos fomentan la sensibilidad en muchos aspectos. El ser humano aprende a conocer cada esquina de su alma y desarrolla la capacidad de observarse a sí mismo. Es importante evitar hundirse en la propia subjetividad, en el ego y para ello es necesario formar el sentido estético de tal forma que permita conocer y descubrir relaciones objetivas en lo anímico. A medida que ejercita el arte, el ser humano se convierte en guía de sus propios sentimientos y aprende a conocer las relaciones humanas. El ejercicio artístico fortalece y sensibiliza la percepción, la que unida a la necesidad de entrar en acción genera una fuerza social que enriquece y amplía la naturaleza de la vida.

Otro aspecto importante a considerar es que la actividad artística fomenta creatividad. El objetivo del arte no es imitar ni reproducir a la naturaleza, sino crear algo nuevo, cosas que aún no existen. Para que se pueda dar ese proceso creativo es necesario que el artista goce de una vista libre hacia el mundo, por un lado, y hacia su propia alma, por el otro. Lejos de seguidores de las estrictas reglas de la utilidad, es necesario convertirse en creadores libres que le den vida a cosas no sujetas a las convenciones establecidas. Es precisamente a través de este proceso creativo, mediante la actividad artística, que se es realmente libre y se abre la posibilidad de actuar como individualidad ilimitada y autorresponsable, capacidad que hoy en día se convierte en exigencia de la vida.

Dentro del vasto mundo de las artes se pueden identificar las que apuntan hacia la individualidad, como la pintura, la escultura y la arquitectura, y aquéllas con características sociales, como la dicción, el teatro, la música y la euritmia. Se puede afirmar entonces que el arte individualiza y socializa al mismo tiempo. En las artes individuales la contemplación está orientada hacia adentro, hacia la propia alma, trabajando hacia el interior del ser; en las artes sociales la percepción está dirigida hacia el exterior, donde la individualidad se integra a la colectividad y la apoya conscientemente.

De todo lo anterior se desprende fácilmente que el ejercicio pedagógico-artístico fomenta en el ser humano en proceso de crecimiento las cualidades claves para un desarrollo armónico, elemento indispensable para enfrentar la realidad actual. Los problemas sociales y económicos que prevalecen en esta época se pueden solucionar únicamente a través de la acción de seres creativos con suficiente sensibilidad social, en los que, especialmente mediante el ejercicio artístico, se hayan despertado la creatividad, innovación, independencia autoconocimiento, flexibilidad, perseverancia, imaginación, decisión y juicio en el ámbito individual, junto con percepción, sensibilidad, cooperación, comunicación, capacidad de resolución de conflictos y tolerancia a la crítica en el ámbito social.

El arte no es un juego para privilegiados, sino una necesidad de vida para solucionar problemas mundiales con hipermetropía.


Felix Zimmermann completó la carrera de Ingeniero en Telecomunicaciones en Suiza y trabajó cuatro años como inventor de sistemas de alarma. Realizó su formación como maestro Waldorf en Alemania. Trabajo 17 años como maestro Waldorf de primaria y secundaria y 13 años como maestro Waldorf en preparatoria, encargado de las materias de ciencias naturales, artesanía y teatro. Además trabajó 8 años como tutor en escuelas Waldorf en México y Suiza y ocho años como asesor en pedagogía Waldorf en México, El Salvador, Costa Rica y Ucrania. Actualmente es maestro Waldorf de Secundaria y Preparatoria en el Rudolf Steiner Schule Zürcher Oberland en Wetzikon, Suiza.


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