¿Te acuerdas del estudio que señala que los mexicanos mienten 10 veces diarias en promedio? (continuación)

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Por Arturo Cervantes, de Los Caracoles Valle de Bravo, Pedagogía Waldorf (2017)


La verdad, una intención que se busca con la conciencia…

Para la Pedagogía Waldorf, la verdad es un valor fundamental que se cultiva día a día, con el ejemplo de los adultos y en el seno de todos y cada uno de los grupos de alumnos, desde el Jardín de Infancia y hasta concluir con el doceavo grado.

La convivencia al interior del grupo de maestros y colaboradores de una escuela Waldorf busca basarse en la verdad, en la palabra dada de frente, en no hablar mal de quien no está presente y en el diálogo crítico constructivo. Los maestros Waldorf jamás hacen uso consciente de mentiras, falsedades o tergiversaciones que comprometan la visión de realidad en los alumnos. Ciertamente, para presentar nuestras clases trabajamos con la fantasía y la imaginación, pero nunca con lo fantasioso ni lo falso. La línea de frontera entre estos dos polos es sutil pero clara: no debemos formar a los niños y jóvenes en la mentira, puesto que de la mentira surgen los grandes conflictos entre personas, entre las sociedades y entre las culturas. Cuando mentimos, aunque se trate de “mentiras piadosas”, estamos comprometiendo nuestra propia integridad moral y estamos rebajando a nuestro interlocutor. La verdad y su búsqueda han sido los motores fundamentales de la civilización y de la evolución humana; siendo así, entonces, ¿cómo es que podemos pensar que la mentira ayuda o resuelve, cuando la historia nos ha demostrado exactamente lo contrario una y otra vez?

Así como en las escuelas Waldorf-Steiner se busca trabajar día a día con la verdad, las familias que integran a estas escuelas buscan también hacer su parte. Este es un real valor, que no puede ser transmitido por libros, moralejas ni recomendaciones huecas. La verdad solamente puede ser inculcada cuando los adultos nos manejamos en ella, cuando nuestros principios éticos fundamentales están sustentados en lo verdadero y cierto. Esta es una verdadera formación para la vida, una verdadera herencia para el futuro de nuestros hijos, de nuestros alumnos…

Ciertamente, debemos tener en cuenta la edad de un niño o de un joven para dosificar la información que conlleva una verdad, pero eso no significa contar verdades a medias –que es un poco como mentir- sino ciertamente considerar el momento evolutivo de quien nos pregunta o con quien debemos compartir algo real.

Para la Pedagogía Waldorf, existen tres máximas fundamentales cuando se aborda el trabajo con niños y jóvenes. En el primer septenio de vida, buscamos mostrar que el mundo es bueno. Para el segundo septenio, el eje medular es mostrarles a los niños que el mundo es bello. Ya en el tercer septenio, la evolución de los jóvenes requiere que los adultos a su derredor le muestren cómo es que el mundo es verdadero. El propio Rudolf Steiner cerró un verso para maestros con la frase “ten valentía para la verdad y compenétrate de capacidad imaginativa”.

 


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