México: Día de Muertos

México: Día de Muertos

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Definitivamente, ésta es una de las celebraciones más emblemáticas y conocidas de México, en la que se festeja lo que consideramos el retorno temporal de familiares y seres queridos fallecidos. El Día de Muertos fue catalogado en 2008 por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, es decir, como parte del tesoro cultural mundial.


¿Por qué celebramos la muerte?

El origen de la celebración es anterior a la llegada de los españoles, ya que las prácticas para honrar a los muertos se realizan en comunidades indígenas desde hace más de 3 mil años. En la era prehispánica había la práctica de conservar los cráneos de difuntos como trofeos, y estos eran exhibidos durante los rituales que simbolizaban la muerte y el renacimiento.

La festividad indígena original tenía lugar en el noveno mes del calendario mexica, cerca del comienzo de agosto. Con la llegada de los españoles se hizo coincidir la festividad indígena con la nueva religión católica, convirtiéndola en las celebraciones del Día de los Fieles Difuntos y el Día de Todos los Santos, el 1 y 2 de noviembre, respectivamente. Así, quedó establecido que el primer día de noviembre se honra a los niños muertos y el segundo a los muertos adultos.

¿Por qué se asocia a Diego Rivera con La Catrina?

Fue él quien inmortalizó en un mural esa imagen tan reconocida de la muerte en su versión mexicana: La Catrina. Pero ésta fue en realidad es obra del caricaturista José Guadalupe Posada. Originalmente llamada La Calavera Garbancera (garbanceros eran los indígenas que querían ser como europeos), vio la luz en 1910. Rivera le puso su sello al adornarla con una estola de plumas e incluirla, junto a su creador, en el mural de 1947 “Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central”. Y así es como Diego fue el responsable de popularizarla.

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¿Por qué se utiliza una flor en particular?

El cempasúchil, se ha convertido en un verdadero ícono de la celebración. De color naranja u amarillo intenso, principalmente, la Tagetes Erecta, conocida en México como flor de muertos, es originaria de algunos estados del país y otras regiones de América Central. En México, donde existen hasta 30 variedades, se produce en 11 de las 32 entidades del país y cada año se cosechan casi 2 millones de estas flores para la celebración del Día de Muertos.

La tradición dice que los mexicas las comenzaron a utilizar con la intención de adornar las tumbas, pues pensaban que la flor podía guardar en sus corolas el calor de los rayos solares y así iluminar el camino de retorno de los muertos. La costumbre indígena se ha mantenido y se siguen utilizando las flores, no sólo como un adorno, sino con la idea de facilitar el retorno de las almas a la tierra: se esparcen los pétalos a lo largo en el trayecto hacia el altar de muertos y se colocan velas y otro tipo de ofrendas.

¿Y el altar?

En realidad, cuando nos referimos a rituales, los humanos en todas las culturas siempre hemos colocado altares ceremoniales. En el caso del Día de Muertos, el altar se convierte en el centro de la festividad y eje de esta conexión espiritual que se busca. Así, el altar tradicional tenía siete niveles, aunque la versión más extendida es la de tres niveles, ya que en éstos quedan representados los elementos del cielo (el piso más alto), de la tierra (el de en medio) y del inframundo o espacio de los muertos (en el piso inferior). El altar se viste con papel de china de colores recortado, con velas y veladoras, con comida y panes y con flores. En el altar se colocan fotografías de las personas fallecidas a quienes se dedica y se envuelve todo el conjunto con humos de inciensos y copales, para “limpiar” el espacio y permitir que la luz una a los vivos y a los muertos, en este portal que se abre con el corazón y el alma para unirnos, aunque sea de manera efímera, en el amor que trasciende fronteras físicas y metafísicas.


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Esta entrada tiene un comentario

  1. Crear y compartir un evento tradicional como el altar de muertos, nos brinda la oportunidad de valorar la vida como un camino que hay que recorrer y que nos conduce al lugar de la muerte
    Como comunidad educativa y cultural, podemos entonces reflexionar ¿Cómo queremos vivir?, ¿Hay algo que quiero cambiar? , ¿Cómo es mi relación con la etapa final de la vida?…al tiempo que disfrutamos el estar juntos y sabremos ricos antojos de esta época!

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