Abuso sexual infantil

Abuso sexual infantil

Abuso sexual infantil

Características que constituyen factores de riesgo para la ocurrencia del Abuso Sexual Infantil:

  1. Falta de educación sexual
  2. Baja autoestima
  3. Necesidad de afecto y/o atención
  4. Niño o niña con actitud pasiva
  5. Tendencia a la sumisión
  6. Baja capacidad de toma de decisiones
  7. Niño o niña en aislamiento
  8. Timidez o retraimiento

 

Si se desea un buen manejo es indispensable evitar:

  1. Perder la calma.
  2. Dudar del niño (a).
  3. Reaccionar exageradamente.
  4. Burlarse del niño (a) o descalificarlo.
  5. Culpar al niño (a) por lo ocurrido.
  6. Regañarlo o castigarlo por lo sucedido.
  7. Guardar silencio y/o pedirle al niño que no diga nada.

 

La acción inmediata es tener certeza de los hechos, después es valorar si la intervención terapéutica es necesaria o conveniente, pues no todos los menores que resultan víctimas de abusos, presentan síntomas psicopatológicos que obligan a un tratamiento terapéutico. Normalmente, determinadas características individuales del menor y de su contexto sociofamiliar pueden ser suficientes para protegerlo del impacto negativo del abuso. Si se evitan con seguridad futuros contactos con el abusador, consecuentemente se impide la formación del trauma.

Existen cuatro criterios básicos que requieren la mayor urgencia de acción en caso de abuso confirmado: 1.-impedir de inmediato la convivencia del agresor con el niño tras el abuso; 2.-evitar la actitud pasiva o de rechazo hacia el niño por parte de su familia; 3.-confirmar con especialistas la gravedad del abuso; 4.- prescindir la ausencia de una supervisión del caso que pudiese nuevos abusos.

Además de decidir en lo inmediato dar parte a las autoridades competentes, la dilación en esta acción dificulta la comprobación de los hechos y puede dar lugar a confusiones mayores y por no comprobarse permite la difamación en perjuicio de la dignidad e imagen de alguien quien en verdad es inocente.

En el proceso de intervención sobre una víctima de abusos sexuales, existen dos fases muy importantes, cada cual con sus correspondientes técnicas, la primera fase es educativa y la segunda es específicamente terapéutica.

La fase educativa pretende que el menor comprenda tanto su propia sexualidad como la del agresor de una forma objetiva y apropiada a su nivel. Se trata de informar al menor y hacer que comprenda qué son los abusos sexuales y cómo prevenirlos. El objetivo es no solo garantizar su seguridad en el futuro, sobre todo, se pretende aumentar la autoestima del menor otorgándole conocimientos y elementos de control sobre los aspectos relativos a su propia sexualidad y de cómo evitar futuros acercamientos sospechosos.

La fase terapéutica aborda la situación en que ha quedado el niño tras el abuso, el terapeuta pondrá en práctica técnicas específicas acordes con la intensidad del abuso para que el niño(a) pueda superar totalmente el trauma y así evitarle recaídas en la edad adulta que repercutan en la calidad de su vida afectiva y actividad sexual.

Entre las técnicas que se pueden utilizar están:

El desahogo emocional del menor, con el fin de romper el secreto y el correspondiente sentimiento de aislamiento, no hacerlo puede llevar a que el niño cree sus propios mecanismos de defensa; los cuales con frecuencia son erróneos.

La resignificación cognitiva, para evitar la disociación o la negación de la experiencia, de forma que el niño reconozca que sus sentimientos son legítimos y normales tras una experiencia como la que ha vivido; técnicas especializadas que permitan modificar las distorsiones cognitivas, afectivas, sexuales y conductuales. Se enseñan nuevas habilidades sociales y de asertividad; entrenamiento en relajación y control de la ira; además de autoexploración sensible y corporal.

Terapias basadas en el «juego dramático» ayudan a crear con la imaginación situaciones y personajes que permiten al menor regresar al hecho perturbador desde una posición analítica, externa y controladora; los cuentos infantiles son muy útiles para explicar y analizar los hechos metafóricamente; el dibujo suele ser una técnica muy poderosa que cumple con una función diagnóstica y terapéutica, a la vez.

Características típicas del agresor:

Los delincuentes sexuales muestran déficits significativos en sus relaciones interpersonales, en sus vínculos con los demás, tienen menos relaciones íntimas o estrechas en sus vidas y están muchos más solos que el resto de los delincuentes comunes y el resto de las personas.

Existen estudios que muestran que la depresión, la ansiedad y la sensación de soledad desinhiben la represión y aumentan la posibilidad de llevar a cabo actos agresivos sexualmente. Las agresiones sexuales desviadas se ven incrementadas cuando un individuo predispuesto a cometerla encuentra una oportunidad y se siente solo, angustiado, frustrado, deprimido o rechazado por una mujer.

El individuo debe tener una predisposición especial ya que un varón normal, a pesar de sentirse solo, deprimido, angustiado, frustrado o incluso alcoholizado no cometerá una agresión sexual, ni violará a una mujer ni abusará de un niño aunque tenga la oportunidad, ya que le funcionarán sus propias barreras morales y su represión sexual normal.

Esta predisposición vamos a encontrarla en la infancia del individuo. Los violadores sexuales suelen provenir de familias disfuncionales, vivieron una infancia rodeada de abusos tanto físicos como psíquicos, es decir, fueron castigados físicamente en forma arbitraria, no relacionada con su mal comportamiento sino por capricho del adulto, y expuestos al maltrato emocional. Con frecuencia también fueron víctimas de abuso sexual.

Hijos de padres abusivos que maltrataban frecuentemente a la madre, que odiaban a las mujeres, que maltrataban a sus hijos y no respetaban las necesidades ni físicas ni emocionales de sus esposas y sus hijos. Padres ausentes, rechazantes, insensibles, poco afectuosos, maltratadores y violentos.

Un agresor sexual es un individuo con pocas habilidades sociales, que se siente solo aunque esté rodeado de gente, que no logra satisfacer sus necesidades emocionales y sexuales de una manera adecuada, que tiene un bajo control de sus impulsos, que posee una disposición a agredir al otro cuando se siente frustrado y que, finalmente, ha encontrado la oportunidad de perpetrar su agresión sexual.


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